jueves, 24 de abril de 2014

Más limpios que los egipcios...



Para los antiguos egipcios el aseo y los cuidados corporales estaban íntimamente relacionados no sólo con la salud, sino con la misma cultura que deseaba prolongar la juventud y la belleza eternamente en el Más Allá y, por tanto, con aspectos religiosos además de higiénicos o prácticos.

El baño diario, la depilación o el maquillaje no eran algo  reservado a  las capas más altas de la sociedad. Tampoco se trataba de costumbres femeninas. Mujeres y hombres se cuidaban, depilaban, perfumaban y maquillaban por igual. Los matices económicos estaban en la cantidad y calidad de productos o técnicas, no en el uso cotidiano.

El baño era el primer ritual del día. En el patio de las viviendas modestas, en los templos, en las casas señoriales o en los palacios se usaba agua y hierba saponaria. Agua  vertida en jarras de barro para la mayoría, o a través de cestas que hacían el efecto de una ducha. Saponaria tan sólo, o la hierba mezclada con otras aromáticas que ejercían a la vez el efecto de un guante de crin. Cuando el agua no estaba a mano -en el caso de comerciantes en caravana, o de ejércitos acantonados en lugares áridos- se frotaban el cuerpo con arena fina.

Sólo los sacerdotes se rapaban la cabeza, como símbolo de pureza ritual. El resto cuidaba su pelo (y sus pelucas) minuciosamente. Solemos pensar que las pelucas de pelo natural eran objetos de lujo reservados a la nobleza. Sin embargo, las había de fibras vegetales, mucho más baratas. La peluca no es únicamente una muestra de estatus o  la tendencia de moda, sirve para proteger del sol. Y las canas se teñían con henna.

El clima, y la repugnancia generalizada de los egipcios hacia los malos olores -gran número de insultos son sinónimos de 'hediondo'- así como la abundancia de insectos parásitos, hacían de la depilación una necesidad. Ellas y ellos empleaban la denominada 'cera de azúcar', una masa de azúcar, limón y agua que se calentaba hasta ser manejable para extenderla con una cuchara de madera. Para otras zonas y retoques empleaban pinzas.

El papiro médico Ebers (h. 1150 a.Xto) ofrece algunas recetas en las que aseo e higiene se unifican. Crema exfoliante para rostro y cuerpo, fabricada con alabastro molido, natrón rojo, sal y miel. El alabastro se sustituía por arena muy fina entre las clases populares. Tras eliminar así las células muertas empleaban hidratante. La base era una mezcla de miel, áloe vera y aceite de almendra. De precio superior, a la misma receta se añadía aceite de cedro, de palma, o grasas animales.

En cuanto al desodorante (imprescindible antes haberse depilado las axilas) se componía de alumbre, trementina e incienso en la versión popular, y de lo mismo más mirra -en mayor o menor cantidad- a medida que se subía en la escala social.

Al despertar, tras cada comida y antes de acostarse los egipcios realizaban enjuagues bucales con natrón y bicarbonato disueltos en agua. Esa receta era la misma para todos. Quien podía gastar más utilizaba algo semejante a caramelos de semillas de alholva trituradas. Y arriba de la lista de precios, los caramelos contenían alholva, mirra, bayas de enebro y resina de acacia, pareciéndose más a un chicle para tener el aliento perfumado.

El protagonista del maquillaje era el kohl para los ojos. Los protegía
de las numerosas infecciones actuando como un antiséptico natural.



Las sombras de ojos se obtienen triturando minerales y mezclándolos con una base grasa. Los más populares eran los verdes y azules, respectivamente polvo de malaquita y azurita. Existían también de antimonio y lapislázuli. El colorete y el rojo de labios se extraían del fucus, un género de alga rojo-parduzca. Y para tintarse el cuerpo empleaban ocre (óxido de hierro hidratado), con semejante función a la que desempeñan ahora los autobronceadores.

El citado papiro Ebers dedica una gran parte de su contenido al arte de la perfumería, tanto en forma de aceites como de ungüentos. Los perfumes elaborados sí eran privativos de nobles y realeza, puesto que muchos de sus componentes eran materias primas importadas. El papiro cita, entre otras, el betún de Judea, el estoraque, benjuí, incienso, mirra...y aceites exóticos de nardo, cedro y sésamo.



Imágenes: Wikimedia Commons.

22 comentarios:

  1. Lo que se dice fascinante. Me encanta el artículo. Espero que haya más.

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias, Andrés. Me alegro de que te haya gustado.

    ResponderEliminar
  3. Nada que ver con nuestrosa antepasados medievales que no veían el agua en toda su vida, ¿verdad? Pomadas, cremas, colutorios, maquillaje, perfumes,... y a diario. luego dicen que los hombres de ahora usan más cremas que sus mujeres.
    Un saludo

    ResponderEliminar
  4. ¿Esa es la broma para el medievalista? XDD...Los egipcios y las egipcias, desde luego, más limpios que la patena. Si tienes el Nilo enfrente de casa y tu religiosidad hace hincapié en todo ello, ya está medio camino andado. Un saludo, Carmen. Gracias por leernos.

    ResponderEliminar
  5. Sí que lo es. Gracias por comentar, Presentación.

    ResponderEliminar
  6. Genial. También quiero más artículos así...si puede ser, claro.

    ResponderEliminar
  7. ¿De alguna época, o cultura concretas?...tenéis un buzón para escribirnos ¬¬

    ResponderEliminar
  8. Gracias a tí, Fearn. Me alegra que te haya interesado.

    ResponderEliminar
  9. Muchas gracias, Encina. Si tienes interés por algún tema para artículos de éste tipo, usa el buzón (página principal, arriba a la izquierda) para proponer. Ya tenemos una petición, pero si os apetece.

    ResponderEliminar
  10. Eso es un magnífico divulgativo. Enhorabuena.

    ResponderEliminar